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Archive for the ‘Filosofias de la vida’ Category

Nos ha costado montones, pero lo logramos: Regresamos. Han sido días de arduo trabajo y la verdad que no podemos ser desagradecidos. Una avalancha de reuniones y eventos nos han tenido a reventar esta semana que recién termino, sin embargo, no nos quejamos, más bien damos gracias al cielo porque tenemos fuerza, voluntad y coraje para seguir luchando por nuestros sueños. No hay victoria sin batallas y estos días han sido campos de guerra, movidas estratégicas y muchas conquistas.
Por lo que si me siento bastante apenado es porque este Miércoles empezó el 5 Festival de Blogswingers y la agenda no nos dio para publicar el texto que nuestra buena amiga Morfina preparo para nosotros -sin contar que envié el mío por equivocación a otro blog- sin embargo como es peor tarde que nunca, es que procedo a presentarles el excelente material que nuestra compañera de “Morfina en tus venas” nos ha enviado, al tiempo que los invito a visitar y comentar el nuestra amiga escritora del blog “Eterno resplandor de una mente divagante”

Amores que no matan, ni hacen más fuertes
Por la Señorita Morfina

Hace algún tiempo discutía con cierta personita un tema bastante controversial, con muchos puntos a favor, pero no menos puntos en contra: la amistad -real- entre un hombre y una mujer.

Si bien es obvio que yo era quien sostenía firmemente que sí era posible, y que muchas veces crea una relación hasta más sólida, con lazos más fuertes que si de una amistad de un mismo género se tratara, también tenía presente que como punto en contra tenemos que en muchas ocasiones la convivencia nos juega chueco.

Siempre he dicho que el trato juega un papel muy importante en todas las relaciones personales, el hecho de compartir un sinfín de alegrías, tristezas y demás sentimientos y emociones, muchas veces puede llegar a confundirnos en algún momento, eso sin mencionar que la atracción física puede llegar de la manera menos esperada, es algo que va naciendo, día con día, palabra con palabra y ésta, por contradictorio que parezca, suele pasar a ser un básico en esa relación. Se podría decir que es el primer paso para empezar a sentir montones y más montones de mariposas en el estómago.

En lo personal, una de mis principales filosofías es no mezclar sentimientos, tener la cabeza en su lugar y no involucrarme más allá de lo permitido con mis amistades masculinas, cosa que me ha resultado bastante satisfactoria ya que prefiero tener más amigos que odiados ex novios.

No niego que en su momento he llegado a confundirme, he involucrado sentimientos pero no a tal grado como para perder un buen amigo después de una fallida relación de no más de un mes; por ejemplo, recuerdo que cuando era de verdad pequeña, más inocente y mi corazoncito no estaba tan descosido, yo tenía un “mejor amigo” –y hasta la fecha sigue siéndolo- , vivía enfrente de mi casa, íbamos en la misma escuela pero en salones diferentes, aún así nos veíamos diario, ya fuera en el receso o por las tardes en mi casa. Era una amistad muy padre, porque era sin ningún tipo de malicia, compartíamos muchas cosas, desde música, películas, gustos, etcétera.

Desde siempre hemos sido los mejores amigos, él siempre estaba conmigo cuando más y también cuando menos lo necesitaba, siempre tenía las palabras indicadas para el momento adecuado y sus abrazos nunca pudieron ser más oportunos, sabía que soy anti abrazos, sin embargo también sabía cuando de verdad necesitaba uno. Teníamos una conexión especial, porque de igual manera yo siempre estaba atenta a él, creía conocer a la perfección sus gustos, sus debilidades. Reímos y también lloramos juntos muchos días, muchas noches, muchas madrugadas.

Un día, sin darme cuenta, sus abrazos empezaron a hacerme sentir diferente, me ponía nerviosa que nuestras manos se rozaran, y se me subían los colores a la cara cuando nuestras miradas se cruzaban y él insistía en sostenerla. Me conocía tan bien que ya sabía de qué se trataba, y yo también, pero me negaba a creerlo. Él era mi amigo, y los amigos no se enamoran, de verdad me llegó a provocar nauseas el hecho de imaginar que entre él y yo pudiera haber un sentimiento más profundo, porque era por sobre todas las cosas el hermano que nunca tuve, aunque en el fondo estaba conciente de que ningún lazo de sangre nos unía, sólo nuestro compartido amor por la desaparecida Shakira y sus canciones que solíamos corear cada que teníamos oportunidad.

Pasó el tiempo y para mí era un poco difícil e incluso incómodo estar a solas con él, evitaba a toda costa caer en momentos que se prestaran a otra cosa, a otros pensamientos, a otras intenciones. El sentimiento estaba, era cuestión de sacarlo y ser felices, pero yo seguía en la etapa de negación.

El idílico amor que sentía por mi amigo crecía cada día un poquito más, nunca se lo dije a nadie por miedo, vergüenza o las dos cosas juntas, quizás por egoísmo, pero el punto es que jamás externé los escalofríos que sentía cuando él me abrazaba. Siempre culpé al clima y a mis inestables hormonas cuando llegó a descubrirme nerviosa en medio de un abrazo.

Una mañana al despertar algo me dijo: -hoy es el día, dile lo que sientes-, y como siempre suelo hacerle caso a esa voz interna que tenemos las mujeres que llamamos sexto sentido, me levanté dispuesta a hacerlo. Todo el día pensé la mejor manera de hacerlo, no iba a ser una sorpresa para él, o quizás sí, pero yo quería hacerlo especial. Busqué las palabras adecuadas, la manera de decírselas, el momento y sobre todo, tenía que tener listos dos argumentos, ya que había dos posibles respuestas que podía recibir: “yo también te quiero…” o “yo también te quiero… como a una hermana”, en caso de recibir la segunda había pensado en responderle: “¡Feliz día de los inocentes…en Mayo!” o algo por el estilo, en caso de recibir la primera, sinceramente no habría sabido qué contestar.

Llegó la hora de vernos, y entonces yo tenía los nervios de punta y estaba a punto del infarto, debí haber muerto durante al menos un minuto cuando me dijo: – necesito hablar contigo-, por mi cabeza pasaron mil cosas, incluso creí que me ahorraría la vergüenza de decirle lo que tanto había pensado durante el día, le respondí: – yo también…pero tú dime primero.

– Sabes que eres mi mejor amiga, que te quiero mucho, confío mucho en ti, eres sumamente especial, conoces todo de mí y yo de ti…

Y yo, asentía emocionada con la cabeza.

-…hemos pasado muchas cosas juntos y créeme que no cambiaría un solo día, un solo minuto porque todo ha sido de verdad especial…

Mi corazón latía más y más fuerte, podría jurar que lo escuchaban hasta China…

– …y bueno, hoy quiero decirte algo que ha estado pasando, quizás ya te diste cuenta…

Mis ojitos se emocionaron y ya estaba lista para decirle: – Sí, sí… yo también, yo también te amo…

– …soy gay.

No pude responder nada, sólo comprendí muchas cosas: – y yo que creía que amabas a Shakira por sus prolongadas caderas-, pensé. Sonreí y así que me quedé estupefacta varios minutos. Seguía sin creerlo y sin saber qué decirle, hasta que interrumpió mis sagrados pensamientos:

– Amiga, dime que nada va a cambiar…

– No…nada va a cambiar. Nada tiene porqué cambiar.

Y seguía con mi estúpida sonrisa.

– ¿Qué ibas a decirme?

– ¿Eh? Ah sí… iba a preguntarte, quién crees que es más guapo: ¿Fulanito o Sutanito?

– Sutanito.

– Sí, yo también lo creo.

Esa noche pasó a la posteridad, de verdad tardé mucho en reponerme después de haber escuchado semejante confesión, al principio creyó que era porque lo rechazaba por su condición, yo sólo le decía que no, que eran otros rollos los que traía en la cabeza. Meses después le dije lo que pensaba confesarle aquella noche, y fue entonces cuando me dijo:

– Bueno, si no tuviera exactamente los mismos gustos que tú, supongo que hubiéramos vivido algo muy padre.

– ¿Exactamente los mismos gustos? Aléjate de mi novio, enfermo…

Hoy me alegra lo que sucedió esa noche, nuestra amistad se hizo aún más fuerte, no eché a perder nada, descubrí que de verdad me tiene confianza pero, lo más importante de todo: no quedé en vergüenza y por fin tendría a mi lado a alguien que de verdad tuviera sentido de la moda y esas cosas de mujeres. Hoy seguimos siendo felizmente amigos, después de lo sucedido dimos tremendo carpetazo al asunto y como si nada hubiera pasado.

Historias así hay muchas, algunas veces arriesgan y ganan aunque después lo pierdan todo, otras veces pierden y después se dan cuenta que ganaron y otras tantas –y frustrantes- veces…el amigo resulta gay.

Sea cual sea el caso, amor y amistad son sentimientos totalmente diferentes pero tan fácil de confundir, aunque lo que de verdad vale es que a final de cuentas termina siendo cosa de dos.

Agradezco a todos nuestros amigos que nos dejaron sus mensajes de preocupación en Facebook, Twitter y el MSN por nuestra ausencia durante esta semana. De paso también les doy gracias a todos nuestros lectores por sus visitas y comentarios en estos días, no hay forma de retribuirles el apoyo constante, sin embargo no quiero irme sin decirles, de todo corazón: los quiero montones!

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Hay historias que llaman la atención. Relatos sorprendentes, maravillosos y encantadores, sin embargo nos hemos acostumbrado tanto a escuchar las sensacionales anécdotas que nos cuentan en las novelas, cine y series de televisión que olvidamos la gran narradora que es la vida misma, con cada una de las historias que encierran la existencia de las personas que nos rodean y olvidamos que la realidad nunca podrá ser superada por la ficción.

Por ejemplo hoy leía en el periódico la anécdota de una pareja norteamericana cuya historia sería inspiración para una gran obra cinematográfica. Se tratan de Julius Stewart y Angie Lee Burnham dos jóvenes que se conocieron de niños y a los cuales la vida se encargó de llevarlos por caminos completamente distintos, llegando a casarse y tener hijos con sus respectivas parejas. Sin embargo cuando la esposa de Julius falleció intoxicada por una fuga de gas y el marido de Angie durante un ataque de un submarino alemán en la Segunda Guerra Mundial, volvieron a encontrarse para nunca más separarse, hasta este sábado 24 de octubre que Stewart falleció a los 90 años, y su esposa, Angie murió el domingo 25 a los 92 años. 1

¿Cuantos imposibles puede superar el amor? me preguntaba esta mañana. La lectura trajo a mi memoria aquella vieja canción de Victor Manuelle “Solo pienso en donde el cantautor nos cuenta la historia de Mari Luz y Antonio, dos personajes reales que estaban internados en un centro para disminuidos psíquicos en Cabra (Córdoba, España) y terminaron enamorándose a pesar de los problemas que les rodeaban. La letra de la canción es encantadora. Hoy tiene un hijo universitario y siguen siendo pareja.

En el comedor les sientan separados a comer,
si se miran bi
en les corren mil hormigas por los pies
ella le regala alguna flor y él le dibuja en un papel algo parecido a un corazón…

Sólo pienso en ti, juntos de la mano se les ve por el jardín,
no puede haber nadie
en este mundo tan feliz, sólo pienso en ti.

La de mis progenitores es también bastante curiosa. Mi padre era un tipo complicado. Recién salido de una vida de angustias, problemas y situaciones provocadas por las más difíciles adicciones, su futuro no pintaba muy prometedor cuando se dispuso a declarar su amor a la joven modelo de la Iglesia Cristiana de Atenas. Dedicada toda una vida al servicio del Señor, mi madre era considerada una mujer ejemplar que debía esperar al hombre correcto entiendase hombre con gran futuro, dinero y vida intachable- por lo que esta demás decir que cuando mi padre le propuso matrimonio tras seis meses de noviazgo, quienes la conocían pegaron el grito al cielo.

Razones ante la lógica habían de sobra. Él, un recién restaurado que a duros costos podía mantenerse a si mismo, y ella una joven destacable que estaba cometiendo la peor de las locuras juveniles. Para todos (incluso yo que más de una vez les he dicho que lo que hicieron fue lo más irresponsable del mundo) era un amor imposible. El tiempo, dos hijos y casi 25 años de matrimonio demostraron que todos los demás estaban equivocados. Ellos no. Hoy los dos son profesionales y disfrutan juntos lo que hacen. Nadie dijo que fuera fácil, y es lo que rescato en esta tarde, a pesar de todo, nunca se rindieron ante las dificultades.

Hoy todo llega por la vía fácil. La ley del mínimo esfuerzo. Un par de situaciones e indiferencias y los capitanes abandonan el barco. Pocos se enamoran pensando en que será para toda la vida. Llegan los problemas y se busca la salida más rápida, olvidando que el verdadero amor es capaz de superar los imposibles. Estas dos historias nos hablan de que cuando se quiere, se puede salir adelante. Hay amores que arremeten contra las dificultades. Mis padres con su ejemplo me han enseñado eso.

¿Y ustedes que piensan mis queridos amigos?
¿Existen amores capaces de superar los imposibles?
¿Conocen alguna historia parecida?

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Encuentra la felicidad en tu vida – Carter Chambers.

En estos días tuve la oportunidad de volver a repasar dos películas de muy buena calidad, con un mensaje bastante profundo. Una es The Wrestler (de la cual hablaremos después) y la otra fue The Bucket List, que en español se llamó “Antes de Partir”. Una interesante producción entorno a la vida de dos personajes completamente diferentes que se encuentra en las penurias de la antesala de su muerte.

Años atrás, el profesor de filosofía de Carter Chambers (Morgan Freeman), en su primer año de universidad, sugirió a sus estudiantes componer una “lista de deseos”, una colección de todas las cosas que ellos querrían hacer, ver y experimentar en sus vidas, antes de morir. Por el otro lado, el multimillonario Edward Cole (Jack Nicholson) nunca vio una lista que no fuera necesaria. Siempre estaba muy ocupado haciendo dinero y construyendo un imperio. No tenía tiempo para pensar cuáles podían ser sus necesidades del alma, porque tenía que pensar en cuál sería su siguiente adquisición o qué tipo de café exquisito tomaría.

Es ahí, en un punto decisivo en sus vidas, cuando ambos son diagnosticados con enfermedades terminales, que descubren que a pesar de sus diferencias, tienen dos cosas en común: el deseo de pasar el tiempo que les resta haciendo todo lo que siempre habían querido hacer antes de partir y una necesidad no realizada de conformarse con lo que son. Juntos se embarcan en un viaje único en la vida, cumpliendo esos pequeños detalles que siempre quisieron realizar en su vida, volviéndose amigos a lo largo del camino y aprendiendo a vivir la vida al máximo, con perspicacia y humor.

Es ahí donde la película toca la fibre más sensible de la trama, y es donde realmente me llama la atención. ¿Hemos encontrado la dicha en nuestra vida? ¿Hemos sido felices con quienes nos rodean?

Este fin de semana, que recordaba la partida de mi amigo Luis, y lo cerca que nos hemos encontrado varias veces de la muerte, fue imposible no reflexionar sobre esto. Sobre lo corta que es la vida, y como su llama puede apagarse en cualquier momento. Pero ante todo lo importante que es sentirse tranquilo a la hora de encarar la muerte, sabiendo que hemos hecho lo correcto, que luchamos con todas nuestras fuerzas por ver realidad nuestros sueños, y no esperar llegar hasta el último momento de nuestras vidas para realizar nuestra propia lista de cosas por hacer antes de partir.

¿Cual es nuestra lista? Estamos trabajando en ello. Habrán cosas muy voladas, aunque la mayoría estarán con los pies sobre la tierra. Mi abuelo siempre decía que yo era un niño muy sencillo, de esos que son felices con un plato de arroz, frijoles y un pedacito de queso, pero tambien de aquellos que tampoco se conformaban con seguir al pie de la letra el libreto que les habían entregado. Tenía razón.

Por eso luchamos por nuestros sueños. Para cuando llegue el día, descansar realmente en paz, sabiendo que hicimos lo que siempre quisimos. Cumpliendo nuestra lista. Antes de que nos toque partir.

Yo estoy trabajando en la mía.
¿Que podrías en la tuya?

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Advertencia: Este post contiene experiencias e historias basadas en hechos referentes a situaciones pasadas, por lo que cualquier parecido con la realidad es pura y mera coincidencia…

Recuerdo cuando de pequeño me sentaba a leer las revistas de mi madre que trataban esos benditos asuntos del corazón -que de alguna u otra manera siempre despiertan el morbo de la gente- y me preguntaba como podía ser posible que en un sociedad tan culta y civilizada (como la que en buena teoría tenemos) fuera posible siquiera un índice tan alto de engaño dentro de las parejas.

Personas que se juran amor eterno y de la noche a la mañana se dejan sin mediar palabra. Parejas que tras muchos años de casados descubren que uno de los dos esta engañando al otro con un colega o compañera de oficina. Gente que es capaz de mantener toda una vida oculta y secreta espaldas de los demás, eran cosas que de pequeño me ponían a reflexionar, sin embargo tengo que confesar que conforme fueron pasando los años las experiencias de la vida fueron formando una caparazón ante el dolor de los demás, creciendo y viendo la infidelidad como algo normal en nuestra sociedad, cosa que nunca tuvo relación con lo sucedido en mi familia, ya que mis padres -prontos a cumplir 25 años de matrimonio- siempre tuvieron una relación intachable por lo que ese “mal” ejemplo nunca vino por ahí.

Ahí es donde viene la pregunta del millón. ¿Que nos impulsa a ser infieles? ¿Que hace que traicionemos la confianza de aquel que más amamos? Porque quizás eso es lo más duro de la infidelidad, el desarrollo de la traición, la bala al corazón que no viene de quien desconocemos, sino en aquella persona que hemos puesto toda nuestra confianza. Pero… ¿que nos lleva a eso? A clavar la daga en la espalda de un ser querido. ¿Un deseo natural provocado por nuestros bajos instintos? ¿Una incapacidad a la hora de controlar nuestras emociones? ¿Es parte de un patrón de conducta pre-concebido o el desarrollo de una cultura de infidelidad crónica

¿De donde nace esta duda? Este fin de semana en Atenas y el tema salió a colación en una pequeña reunión de generación antes del clásico, donde varios amigos nos encontramos de nuevo con esta cruda y triste realidad. Un viejo amigo que se había casado con el amor de su vida hace unos años atrás, se encuentra actualmente pasando una crisis emocional porque la mujer que le juro fidelidad eterna fue encontrada quemando los votos matrimoniales con un “buen amigo” del susodicho justo al lado de la cuna donde dormía la bebé de ambos.

Historias como estas vienen y van. El caso de “Carlos” no es el único. El padre trabajador que abandona su familia por irse tras un nuevo amor. Relaciones de oficina. Amores de telenovela. Clíches tan utilizados en libros, noticias y revistas faranduleras están más cerca de lo que pensamos.

Una encuesta aplicada el fin de semana en la famosa reunión de ex-compañeros, nos enseño que el porcentaje de infidelidad va más allá de las expectativas: De 21 personas consultadas, 17 confirmaron haberle sido infieles a su pareja o compañero de turno por lo menos una vez durante el tiempo que estuvieron juntos. De esos, tres habían tomado la decisión de contárselo a su pareja, los demás decidieron nunca decírselo a alguien más que algún ser de confianza o familiar cercano. Nueve hombres y ocho mujeres dejan ver que la infidelidad no es un asunto de géneros.

¿Hemos sido alguna vez infieles? Sinceramente desearía tener el suficiente carácter para contestar con un contundente “no”. Pero no podemos engañarnos sobre ello, no somos héroes en este tema. Parafraseando a la Chimultrufia “Para que les digo que no, si la respuesta es si” Lo hemos sido. ¿Que nos llevo a ello? Justificaciones a nuestros actos sobran y a por montones. En realidad ninguna es valida. Nada justifica una puñalada trapera.

Sin embargo como me comentaba el Chamu, el problema en el debate de la infidelidad no esta en que alguien sea infiel o no, sino que quienes realmente inician la búsqueda del porque siempre son las víctimas y no los victimarios por lo que nunca se da un verdadero proceso de cambio. Puede sonar crudo, pero así es la realidad. Las personas traicionadas son quienes inician el proceso de justificación y no quienes han destruido la confianza. Y quizás ahí es donde queremos marcar la diferencia. Cuestionando el verdadero sentido que nos lleva a cometer tan groso error.

Siempre he creído que formamos nuestro futuro y somos dueños de nuestro destino, que con nuestras decisiones vamos forjando el camino que nos lleva a alcanzar la gloria o tocar las puertas del infierno. Es por eso que concuerdo con quienes afirman que la infidelidad no puede ser presentada como un todo, y que en este tema lamentablemente nunca existirán verdades absolutas, sin embargo queremos sembrar nuestra semilla ha futuro. Por eso la pregunta ahora es… ¿se puede cambiar?

Nuestros abuelos decían “perro que come huevos ni quemandole el hocico”. Yo creo todo lo contrario. Me parece que si es posible dejar atrás el pasado y seguir hacia adelante si uno se lo propone. Al fin de cuentas uno es quien escoge destruir o construir. Lo mismo que traicionar o ser leal hasta la muerte. Se trata de una decisión. Tomar la mano de alguien y envejecer fielmente junto a ella, o aprovechar cuanto amorío pase por nuestro lado.

¿Ustedes que piensan?

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Mi abuelo decía “Cuando el tico quiere, el tico puede”. No hay duda de eso. Somos una raza privilegiada. No es fanatismo o falsas ilusiones. Es la esencia de lo que somos. Un país pequeño, de gente amable y humilde. Campesinos puros, honestos y sinceros. Gente trabajadora y esforzada que lucha con sudor y lágrimas por alcanzar lo quiere. Nos hemos enfrentado a la adversidad, a la desesperanza, la desmotivación y la critica, sin embargo contra todos los pronósticos hemos marcado nuestra historia. Hemos hecho grandes hazañas y enormes proezas.

¿Que llevamos en nuestra sangre que nos ha permitido llegar tan lejos? Es la pregunta que llevo en mi mente estos días. Pasión, esfuerzo, sacrificio. Tantas cosas que se pueden mencionar que son parte de nuestro legado y tradiciones. El no darse por vencido se encuentra en nuestra sangre. Un canto de alegría y confianza al ritmo de un Pura Vida. Creersela. Saber que si se quiere se puede. Hombres labriegos y sencillos, que basaron su legado de estima y honor, en ese canto de que si estamos unidos, nada es imposible.

No es imposible llegar a ser los primeros
pero es impresindible amar el mismo sueño

amarlo de una y de cualquier manera

amarlo con el alma, amarlo como sea

Un grito que viene con la gloria. Un grito que viene desde el alma. ¿Que hubiera pasado ni nuestros padres nunca hubieran creído? ¿Donde estariamos hoy si alguien hubiera criticado nuestros sueños de paz y libertad? Nuestro rival somos nosotros mismos. Aquellas voces de personas que critican nuestros sueños, algún día tendrán que escribir nuestra historia. Juntos podemos alcanzar el cielo. Somos ticos. Somos gente que logra lo que se propone. Esta en nuestra sangre. Es nuestro legado. Si se puede…

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¿Te llamo? ¿Me llamas? No, yo te llamo… no, ella me llama. No, no… yo llamo…. no, él me llama. ¿Alguna vez han escuchado este tipo de frases? En estos días comentaba con unas amigas lo increíble que es el grado de desesperación que podemos alcanzar los seres humanos cuando esperamos la llamada de esa persona “especial” que mantiene en vilo y suspenso de la situación de una relación, y la verdad que el tema no paso desapercibido.

Desde miradas fijas ante la pantalla del móvil hasta revisar el aparato cada dos minutos para ver si la barrita de señal no se ha perdido en el camino. Chequear cada hora la contestadora del celular para saber si han dejado un mensaje de voz o culpar al ICE por la falta de cobertura en la zona. Señales reveladores de que el síndrome de las vibraciones fantasmales, o el problema de “no me llames, yo te llamo” están a la vuelta de la esquina.

¿Porque nos cuesta tanto aceptar que no hay interés? ¿Porque nos complicamos la existencia diciendo mentiras sin sentido? ¿No es más simple decir la verdad y enfrentar la realidad? Porque como dijeron las chicas de 1-800-No sea necia, casos como estos, son lo que merecen es una agresión cariñosa de nuestro amigo(a) más cercano para ver si se acomodan un poco las neuronas y entendemos, que como dicen por ahí “simplemente no te quiere”.

Pd: Es interesante las cosas que se pueden derivar de una conversación a las 2 de la mañana, tras unas buenas papas con atún y galletas sodas…

Ilustración: Arquetipós Modernés.

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¿Como se enfrenta uno a lo inesperado? ¿Como se reacciona ante aquello que no esta planificado? La estabilidad es uno de los puntos que más anhelamos los seres humanos. Sentirnos seguros en la comodidad de nuestras murallas, viendo como pasan los años. Sin salirse del sendero. Evitando a toda cosa cualquier clase o tipo de riesgo que ponga en jaque nuestros planes.

Estrategia. Planes. Nos encanta tener medido cada paso que damos en nuestra vida. Controlando cada segundo de existencia, eliminando cualquier espacio de la carretera que nos pueda llevar en un viaje hacía lo desconocido. Pero que sucede cuando el castillo de arena es llevado por el mar. ¿Que pasa cuando ocurre un cambio súbito a nuestros planes? ¿Cuando llegamos al final de un camino y no hay nada más que sombras y agua?

Es interesante ver como nos comportamos ante lo inesperado, sobre todo si el cambio tiene un efecto negativo en nuestros planes. Sin embargo, la forma en que nos comportamos ante aquello que no esperamos define el carácter que hay en nosotros. Para nadie es un secreto. No hay manual para la vida. A todos nos ha llovido durante el desfile. No hay ser humano que no haya visto como sus planes llegan a un callejón sin salida. Es parte de la vida. A todos nos pasa. Sin embargo, cada experiencia dura, o tropezón que nos toca recibir, es una oportunidad para hacer brillar la estrella que hay en nosotros.


Siempre he creído que la liviandad de vida no forma el carácter. El ser humano es especialista en sacar lo mejor de si en las peores dificultades. Un hombre a quien el mar le corta el paso puede salvar su vida si se arriesga en el acantilado. Algunos de nuestros más grandes momentos, pueden ser aquellos en los que nos enfrentamos a lo desconocido. Enfrentarse con valor ante lo inesperado. Recordando que los problemas y las adversidades no son el fin del mundo. Mucho menos el final del camino. Porque como dijo una amiga. Ante las pruebas y las dificultades. Nunca hay un final definitivo, tan solo un nuevo comienzo.

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